El club de la comedia (3); Las peluquerías:
¿Se imaginan que van a por el periódico y dicen:
- ¿ Me da el País?
Y el quiosquero les contesta:
- No, le voy a dar el Supertele... y este paquete de chicles de menta.
O que cogen un taxi:
- A la plaza de las Ventas, por favor.
Y el taxista les diga:
- No, le voy a llevar al Santiago Bernabéu, que a usted le pega
ser del Madrid.
¡Pues eso es una peluquería! Un sitio donde pides una cosa,
y el peluquero hace lo que le da la gana. Por esta razón, lo primero
que haces cuando sales de la peluquería es buscar un espejo y ponerte
el pelo "a tu manera". Y digo yo, entonces, ¿para qué
vas?
Yo creo que la peluquería es un sitio del que hay que desconfiar,
porque todo te lo hacen por la espalda. Es curioso: engordas, te deprimes,
estás celosa, y en vez de fugarte con Pierce Brosnan que es lo
que deberíamos hacer todas, te vas a la peluquería, y le
dices al peluquero:
- Córtame el pelo por aquí. Quiero un cambio de imagen radical.
Y ya lo creo que te cambia de imagen. Te deja como si hubieras metido
la cabeza en una freidora. Te ves tan horrible que se te olvida la depresión
que tenías, y te agarras otra. O sea, que en la peluquería
no te quitan la depresión, simplemente te la cambian de sitio.
Y de ahí su éxito. En una peluquería, a los cinco
minutos ya te han convertido en un adefesio, para que se te olviden las
penas que traías. Te ves sentada enfrente de un espejo, en babero,
embadurnada, con chorretones de tinte resbalándote lentamente por
la cara colorada, la cabeza envuelta en papel albal y oliendo a huevo
podrido. Y piensas: "Solo falta que me salga un alien de la tripa,
joder".
Estás hecha un espantajo, y es el momento en que la peluquera se
aprovecha de ti para ponerte todavía más potingues. La técnica
utilizada es la siguiente: primero, un poco de peloteo:
- Tienes una pestaña preciosa.
- ¿Ah si? Muchas gracias.
Y luego te mete la cuña:
- Sí, son preciosas, lastima que...
- ¿Lástima que qué?????
- Que tengas el pelo tan pobre y apagado.
- ¿Pobre y apagado? ¡Que horror! ¿Y qué puedo
hacer?
Y entonces te la coloca:
- Pues mira, por solo diecisiete mil pesetas, te voy a poner un tratamiento
de colágeno de placenta de foca que veras como te quedas. ¡Diecisiete
mil pesetas! Te dan ganas de decirle: "Oye, ¿y por qué
no me estropeas las pestañas, que me saldría mas barato?"
Pero eres incapaz de negarte. Yo creo que con tanto olor a laca, te pillas
un colocón de miedo, y por eso dices a todo que sí:
- Te voy a hacer unas mechas.
Y tu:
- Vale.
¡Desde luego hay que ver que obsesión tienen todas las peluqueras
con hacerte mechas! Es más fácil que un camello entre por
el ojo de una aguja que una mujer entre en una peluquería y no
salga rubia con mechas. Aunque sea rubia, también sale rubia con
mechas.
Que esto es otro truco de las peluquerías para hacerte clienta
de por vida. Una vez que te tiñes, ya estas condenada a seguir
acudiendo de por vida, para no desteñirte, porque en las peluquerías
nada es permanente, ni siquiera la permanente es permanente.
A veces vas a la peluquería con un recorte de una revista para
que te corten el pelo como a Meg Ryan. En realidad no quieres el pelo
de Meg Ryan, quieres la cara de Meg Ryan, el cuerpo de Meg Ryan, el dinero
de Meg Ryan... Y entonces las peluqueras se tienen que buscar la vida
para explicarte que, con esos 4 pelos cabreados que te quedan, y que además
te nacen en la coronilla, es imposible lograr un flequillo espeso, y que
lo más que pueden hacerte es el moño de Betty Misiego.
Pero lo peor es cuando la peluquera termina contigo y te miras al espejo.
Te ves rara, como con cara de asustada, y vuelves a casa escondiéndote
en los portales, para que no te vea nadie conocido. Y como necesitas que
alguien te diga que te queda bien, le preguntas a tu marido:
- Cariño, ¿te gusta?
- ¿Qué es lo que me tiene que gustar?
- Pues el pelo.
- Ah, el pelo. Sí, sí, estás muy guapa... ¿Y
cómo lo llevabas antes?
- Pues era skin head, no te jode. ¿Y tú? ¿Cómo
llevabas antes el pelo? Antes por lo menos llevabas...
Total, que al final, tanto esfuerzo para nada. Porque él nunca
lo nota... ¿saben lo que pienso hacer la próxima vez que
me encuentre un poco depre y me entren ganas de meterme en una peluquería?
Pues fugarme con Pierce Brosnan, a ver si de eso se da cuenta mi marido...