Cigarrillo; Leah Ryan:

(Julie, al final de la veintena está pensando en una visita a su familia)

Julie: Estoy tumbada en la cama y fumo un cigarrillo. Intento levantarme y fumo otro cigarrillo y como aun no consigo levantarme me fumo otro cigarrillo. El reloj dice que son las siete y media y no tengo ni idea de lo que significa eso; lo que no es muy buena señal, creo, así que fumo otro cigarrillo. Sé que hay un tren en el que debería estar. No tengo ropa limpia, ¡ah! Y tengo que ir al banco, y al bar, a por más cigarrillos. Necesito teñirme el pelo... otra vez. No puedo ocuparme de todo a la vez, así que fumo otro cigarrillo. Me veo a mi misma vestida, limpia, lista para ir a la estación. Me veo en el tren de corta distancia. No se puede fumar en ese tipo de trenes pero aún así quiero un cigarrillo. Cuando llego a la estación central bajo y fumo un cigarrillo. Estoy de pie en la calle, la gente viene hacia mí como si fueran balas. Me meto en el metro. Llegaré a casa de mis padres nerviosa, oleré la comida que se estará cocinando y que no me apetecerá probar. Querré preguntar dónde está la bebida pero seré civilizada. Beberé un vaso de vino, o dos, o siete y fumaré sin parar en la escalera de incendios, que es lo que hace mi madre, y mi madre vendrá y me mirará con el ceño fruncido porque no traigo buenas noticias y porque no tengo buen aspecto; ya sé que no tengo buen aspecto. Si me llevo tres botellas de vino y un cartón de tabaco a la escalera de incendios tampoco me sentiré mejor. Seguiré sintiéndome como si estuviera a punto de caerme por un precipicio, y esa no es manera de visitar a tu familia. Todo lo que tengo que hacer es ponerme algo de ropa, cualquier cosa y andar tres manzanas. Eso es todo. Lo haré. Después de este cigarrillo.