La Muerte de Dantón (2); Georg Büchner:
Julie: El pueblo ha pasado corriendo por las calles, ahora está
todo en calma.
No quiero hacerle esperar ni siquiera un momento. (Saca una redoma)
Ven, carísimo sacerdote que con tu amén nos llevas al
descanso.
(Se asoma a la ventana) Es tan hermoso despedirse; sólo me resta
cerrar las puertas que quedan detrás de mi. (Bebe)
Cómo no desear seguir así para siempre.
El sol se ha puesto. A su luz se le veían tan pronunciadas la
facciones a la tierra..., pero ahora tiene la cara serena, seria como
la de un moribundo. Con qué gracia le juguetea el crepúsculo
por la frente y las mejillas.
A cada momento está más pálida, dejándose
llevar como un cadáver por la corriente del éter. ¿No
habrá un brazo que la atrape por los rizos de oro para sacarla
y enterrarla en la orilla?
Me voy sin hacer ruido. Prefiero no darle ningún beso, no sea
que un suspiro o el aliento la arranquen de su sueño.
Duerme, duerme. (Muere).