David Ives; A singular kinda guy:

Sé lo que estás pensando. Me miras y te dices a ti misma: un tipo corriente. Un ser humano normal. Nada fuera de lo común. Bueno, eso pensé también yo durante un montón de años, y chica, qué equivocado estaba.
Ahora miro atrás y pienso que, en el fondo, siempre supe la verdad sobre mí mismo. Es como si, a veces, cuando me miro en el espejo por la mañana, tuviera la extraña sensación de que lo que estoy viendo no es realmente lo que estoy viendo. O como si estuviera de pie en una fiesta llena de gente, y de pronto tuviera la sensación de estar en un inmenso espacio vacío y no hubiera nadie a mi alrededor en kilómetros a la redonda. Episodios de “inconmensurabilidad”, no sé si conoces este hermoso vocablo. Y entonces, un día tuve una... No sé cómo lo llamarías tú. ¿Una experiencia mística?
Caminaba aproximadamente por el nº 30 de la calle Lex cuando pasé junto a la tienda de suministros de oficina. Un lugar pequeño y miserable. Pero me giro y miro y veo... una máquina de escribir Olivetti 250 eléctrica y portátil. ¿Estás familiarizada con ese modelo en particular? ¿Has visto alguna vez la vieja Olivetti 250? Pues déjame decirte que... es sublime. Las líneas. La forma. La inclinación del teclado. ¡Todo está allí! ¡Es algo hermoso!
El caso es que estoy allí, de pie, mirando esta cosa y es como si la conociera de algún sitio. Como si de alguna manera estuviese mirando a mi familia, como si estuviese mirando por primera vez a un hermano mayor perdido hace mucho tiempo, y de pronto, caigo en la cuenta: Soy yo, eso es. Esa cosa del escaparate es exactamente como yo me siento por dentro. Las mismas líneas, la misma forma, la misma estética. Y de lo que me di cuenta fue de que: Yo... soy una máquina de escribir. ¡No, de verdad! ¡Una máquina de escribir! Todos estos años en los que pensé que era un ser humano, en mi interior era en realidad una Olivetti 250 portátil con correctibilidad automática. ¿Y sabes qué? Ni siquiera sé escribir a máquina.
Bueno, no hace falta decir que esta revelación fue un shock para mi. Pero, de repente, veo claro cómo me salen siempre grandes palabras... como “inconmensurabilidad”. O fenomenológico. O subcutáneo. Las palabras son el mundo de las máquinas de escribir, ¿verdad?
El problema es, que puede ser algo muy solitario, ser una máquina de escribir en un mundo de seres humanos. Aquí me tienes ahora siendo sustituido diariamente por procesadores de textos. ¿Sabes que la semana pasada oí decir a un tipo en las noticias que en diez años las máquinas de escribir quedarán totalmente obsoletas? Cuando por fin entiendo lo que soy en realidad, resulta que soy casi una antigüedad.
Además, está mi vida amorosa, que es problemática hasta decir basta. Las dificultades que rodean la búsqueda de una pareja idónea para una máquina de escribir en esta ciudad pueden ser realmente enormes, como podrás imaginar. Al menos ahora sé cómo amar siempre –no sólo sexo, el sexo está en cualquier parte- a través del... tacto. Ser tocado, y tocar. Ser tocado forma parte de la naturaleza y el propósito de las máquinas de escribir, así es como nos expresamos nosotras. Las manos sobre el teclado y la pulsación adecuada... nos encienden.
Las manos femeninas. Son prácticamente la primera cosa en la que me fijo. Un bonito conjunto de dedos proporcionados. Buena manicura. Piel suave. No es que sea un fetichista de dedos ni nada, compréndeme, es solo que...
Tú tienes un par de manos realmente agradables. Eso fue en lo que me fijé, por eso me detuve aquí a hablar contigo. Sé que suena bastante loco, pero ¿sabes que nunca se lo había dicho a nadie? De alguna manera sentí que podría confiar en ti, y...
¿Qué? ¿Cómo dices?
No entiendo.
¿Qué en realidad no eres una chica? No, eres una chica, una hermosa chica, y...
¿Que eres qué? ¿Qué, de hecho, eres una hoja de papel? ¿De diez libras el paquete?¿De tintada marfil?¿De fibra de algodón puro?
Encantado de conocerte.