La loca de Chaillot; Giradoux:
Irma:
Me llamo Irma Lambert. Detesto lo feo y adoro lo bello. Soy de Fursac, en la Creuse. Detesto a los malvados, adoro la bondad. Mi padre era herrador, en el cruce de caminos. Detesto Boussac y adoro Bourgareuf. Decía que mi cabeza era más dura que el yunque. A menudo sueña que me golpea y que echa chispas. Pero de haber sido menos testaruda, no me habría largado de casa, ni tenido esta vida maravillosa. Primero en Gueret, donde me ocupaba de encender el fuego en el instituto de chicas. Detesto la noche y adoro la mañana. Luego en Dun-sur-Auron, donde hilvanaba camisas en el taller para las monjas. Detesto al diablo y adoro a Dios. Más tarde aquí, donde soy fregona y los jueves tengo la tarde libre. Adoro la libertad y detesto esclavitud. Ser fregona en París, no parece gran cosa. La palabra seduce y parece bonito, sin más. Pero ¿quién tiene más relaciones que una fregona, en la cocina, en la terraza, sin contra que a veces me ocupo del vestuario, y a mi no me gustan mucho las mujeres, adoro a los hombres? Aunque ellos lo ignoran. Nunca le he dicho a ninguno que lo amaba. Se lo diré sólo al que me ame de verdad. A muchos les molesta este silencio; me echan la mano por la cintura, creen que no los veo; me pellizcan y creen que no los siento... Me besan por los pasillos y creen que no me doy cuenta. Me invitan los jueves, me llevan a sus casas. Me han beber. Detesto el whisky y adoro el anís. Me retienen, se recuestan. Todo lo que quieran. Pero mis labios no se despegan. Antes me mato que esta boca les diga que los quiere. Lo comprenden. Ni uno solo deja de saludarme cuando me vuelve a ver. Los hombres detestan la cobardía y adoran la dignidad. ¿Qué se molestan? Pues... peor para ellos, les habría bastado con no acercarse a una chica de verdad... ¿Qué pensaría el que espero si supiera que he dicho que amaba a los que han tenido en sus brazos antes que él? ¡Cuánta razón he tenido, Dios mío, en emperrarme en ser fregona! Porque vendrá el que espero, no debe estar lejos. Se parece a ese joven salvado del agua. Sólo verlo y las palabras me hacen agua en la boca, las palabras que le repetiré sin cesar hasta la vejez, sin cesar, me acaricie o me pegue, me cuide o me mate. Que escoja él. Yo adoro la vida, y adoro la muerte.